SANTO SUBITO

Como saben el Papa Benedicto XVI, faro de la Verdad y guardián de la fe y moral de Occidente, nos ha dejado. Un hombre santo de condición, amable en el trato, de razonamiento excelso e intelectualidad superior. La clase de espíritu que arrastra y mente que ilumina.

Durante su pontificado buscó unir a las corrientes progresistas y tradicionalistas de la Curia. Sí, en la Iglesia también hay categorías de pensamiento que desbordan lo teológico para entrar en el universo más ambiguo de la ideología y la política. Pero pese a este lógico intento de armonización, no daba concesión alguna al relativismo. De ahí que se revolviera con sabiduría y hostilidad máxima ante el neo-marxismo de la teología liberal o ante el neo-paganismo de las democracias socialistas. ¡Cómo un defensor de la fe no iba a usar el báculo de Pedro para atizar a los enemigos de la humanidad!. En una época en donde se aplaude al irracional y al mediocre, no se discute la naturaleza de las cosas y se agacha la cabeza ante toda imposición, Benedicto hablaba de la fe y la razón para encontrar la Verdad.

Y es que en esa búsqueda radica la esencia de lo humano. No sólo del cristiano, pues encontramos en la Verdad todas las libertades y valores que transforman a los hombres en hermanos. No son los gobiernos, asambleas o instituciones supranacionales. No es la ONU la que establece principios comunes a la convivencia que escapan al arbitrio del socialismo democrático. Es la Cruz quien lo consigue.

La Iglesia entra en el mundo del primer siglo y elimina la característica fundamental de las antiguas religiones: Su inseparabilidad del Poder. Son las religiones de Estado con el rey o sátrapa dominando al pueblo a través de la divinización del Poder en la figura del gobernante. Y esto es común tanto en las monarquías absolutas como en las democracias socialistas. Bajo la Iglesia, en cambio, es Dios el que mira hacia los hombres y estos hacia su Dios. No hay intermediarios políticos, ni chamanes del Sistema, sino siervos de la Iglesia evangelizando a los pueblos en la Verdad. El Reino, ya sabemos, no es de este mundo.

Desde el primer momento el cristianismo separa la razón de la fe, consiguiendo que una religión que aparentemente sólo se edifica en lo sobrenatural, se extendiera por todo el planeta sobreviviendo dos milenios al Poder.

Ni la ciencia ni la filosofía han podido cubrir la necesidad religiosa del hombre. Y mucho menos del hombre racional, el que habla con su Dios. Benedicto siempre lo explicaba mejor : No se reza a un Dios que sólo existe en el pensamiento. Así que cuando nuestra mente descubre a Dios y es un Dios que interactúa, la razón y la fe consiguen coordinarse. Tenemos entonces a un cristiano; a un hombre libre occidental.

Decía el Santo Padre que los cristianos debemos estar dispuestos a demostrar el logos, es decir, el sentido profundamente racional de nuestras convicciones. Algo que ningún gobierno actual – relativista y violento – es capaz de realizar con su propia naturaleza. ¿Dónde está la racionalización del Estado confiscatorio?.¿Cómo justificamos los castigos por vicios y no por crímenes? ¿Resiste un simple juicio de moralidad el injusto trato por razón de sexo o de categoría política? ¿Por qué se censura la libertad de palabra? ¿Por qué un creyente en Alá es felicitado por su fe y quien cree en la Natividad es hostilmente tratado? El socialismo es enemigo de Occidente no por su intrínseco paganismo sino porque el mal ataca a quien le expone como lo que es. Odia eternamente a aquellos hombres que prefieren ser crucificados antes de renunciar a la humanidad y sentido que les otorga su fe.

La misión del globalismo relativista es deslegitimar a Cristo como fundamento de la Civilización occidental. Como fundador de sus libertades y de su humanismo.

No todas las religiones tienen el mismo valor comunitario ni individual. Unas son religiones de Estado y otras son mágicas, místicas o animistas. El neo-paganismo imperante es una religión de votantes y el mileniarismo globalista es aquel que impone lo económico o lo ecológico sobre la dignidad humana. Ególatras despreciando al prójimo y concibiendo el mundo como algo políticamente manipulable. Sin leyes universales, valores, principios, razonamiento o la irrenunciable dignidad del ser humano.

Los dioses del Poder político han sido muchos y variados a lo largo de nuestra historia. Pero desde un corazón occidental solo se venera al Dios verdadero, al que podemos reconocer en la naturaleza a través del pensamiento.

El cristianismo es en definitiva algo sencillo y natural. El cristianismo es a Occidente lo que una madre es a su hijo: El sustento y el Amor. El cristianismo es la moral de Occidente.

Por esta razón hablaba Benedicto del rigor moral de los cristianos, en donde todo lo predicado o desarrollado por la teología desde el siglo primero, se refleja en la práctica moral y en la convivencia comunitaria. Es decir; todo posicionamiento filosófico sea ateo, pagano o agnóstico palidece ante la profundidad humana de la moral cristiana: El amor a Dios y el amor al prójimo como único motor no ya de la existencia individual sino de la convivencia entre hombres y naciones.

Una moral de amor, fe y razonamiento que cuando es negada por los poderes públicos no encuentra sustituto secular y simplemente desaparece del mundo. La tragedia del socialismo como neo-paganismo de política sin ideas ni valores absolutos, radica en la destrucción de la moral cristiana y con ella la razón última de la convivencia: el amor a Dios y el amor al hombre. Por eso quitar la Cruz de occidente no nos lleva al humanismo secularizado. Eso no existe. Como tampoco existe el socialismo no violento o no materialista, ni el judaísmo politeísta. El cristianismo es la Cruz y desde la Cruz brotan los valores de Occidente.

Occidente no ha olvidado sus valores tradicionales. Lo que se ha olvidado en Occidente es que existen valores y que sólo se accede a ellos a través de la Verdad.

Descanse en Paz, Benedicto XVI.

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