
La igualdad como derecho a la diferencia no importa para un tribunal constitucional. No lo digo yo, sino que son las brujitas del TC las que nos explican el tipo de totalitarismo que sufrimos. Lo importante, nos dicen, es la desigualdad administrativa para cumplir con la ideología.
Cuando José Luis Pérez con un 9,5 en su examen de acceso a la Administración se quede fuera de la España funcionaria, de nada le servirá gritar discriminación porque Yovana Rodrigues con un 6,7 haya entrado a formar parte del Leviatán, a través de los cupos de género.
El TC no le otorgará amparo y le dirá que disfrute lo votado y lo adoctrinado. Debes purgar tu pecado original, nene. Naciste varón en la era de las charos del BOE.
Para entender esto de la discriminación positiva, mas allá de constituir una aberración de la lógica y de lo jurídico, nos basta con plantear simples cuestiones:
¿Están infra-representadas las mujeres en la Administración? ¿Se rige la función pública por mérito y capacidad o se rige por la desigualdad? ¿El concepto de discriminación positiva requiere una objetiva desigualdad o vale con aludir al heteropatriarcado, al liberalismo político, al machismo estructural y demás conceptos que no tienen significado real salvo en clave socialista?. Pura semántica de partido e ideología, ajena a un Estado de libertades, justicia e igualdad. ¿Ha obtenido algún beneficio material nuestro José Luis por el hecho de haber nacido hombre? ¿Cuál? Desde aquí invito a feministas, Magistrados y charos en general a que me señalen dónde está mi privilegio, qué Institución me lo otorga y cómo puedo disfrutarlo. ¿Nuestra Yovana sufre alguna discriminación por el hecho de haber nacido mujer? ¿Cuál? No será en la Administración. No será en las leyes del socialismo. Ni tampoco en las más de 300 normas que privilegian a unos ciudadanos de sexo femenino frente a otros ciudadanos de sexo masculino. ¿Dónde están las desigualdades históricas que hay que corregir y por las que un hombre del siglo XXI debe ser discriminado? ¿Es porque Quevedo o Felipe II eran hombres y no mujer? ¿Es discriminatorio que los soldados muertos en la segunda guerra mundial fueran hombres? ¿Hay que corregir que fueran varones todos los reclutados forzosamente para morir en Ucrania, Corea o Vietnam? ¿Hay que compensar que los hombres de la antigüedad se convirtieran en esclavos por no poder hacer frente a sus deudas? ¿Corregimos que la discoteca me costara más a mí que a mis compañeras mujer?
¿Van las charos de la toga y la discriminación positiva a corregir que los hombres no posean derechos reproductivos? ¿No están los poderes públicos obligados a corregir un sistema en el que los hombres son el sexo que sufre más violencia y más suicidios? ¿El sexo que vive en umbrales de pobreza más miserables en Occidente? ¿No son los hombres los que sufren más enfermedades y los que tienen una menor esperanza de vida? ¿Cuándo corregimos las falsodenuncias? ¿Corregimos un Ministerio específicamente denominado de las mujeres? ¿Observatorios sólo para la cuestión femenina?
No, el socialismo-mujer no pretende acabar con ninguna discriminación, sino imponer muchas de Estado. De lo contrario que a un admirador de Don Francisco Franco se le criminalice por alabar la gestión económica y social o la moralidad del antiguo Jefe de Estado, sería inconstitucional. Y si el Gobierno de España, haciendo uso de esa exigencia que obliga a los poderes públicos a realizar acciones que posibiliten la igualdad material y efectiva, impusiera cupos obligatorios en la función pública para admiradores de Don Francisco Franco, esta discriminación positiva sería absolutamente constitucional. A fin de cuentas que haya franquistas en la Administración o que existan partidos políticos franquistas, protege el principio de pluralidad política e ideológica de una democracia. Igual que los filo-terroristas y los comunistas genocidas gobiernan con el socialismo de la corrupción y el tiro en la nuca, añadir a los admiradores de Don Francisco Franco, es algo de pura lógica; sobre todo la jurídica y constitucional.
Pero las brujitas del Constitucional y todos los aliades con toga te dirán que no. Que ellas no quieren libertad para competir en igualdad de trato por su plaza de funcionario de la PSOE, sino que exigen un derecho para acceder a esa plaza discriminando a sus competidores. Ya empezamos a entenderlo. El socialista Estado interviene y carteliza eliminando la competencia de mercado y favoreciendo a subordinados y amigos. Las socialistas magistradas copian este criminal esquema : expulsan a sus competidores de la sociedad y de las instituciones para favorecer sus carreras, su ideología y los intereses de la banda de los sicilianos.
Y es que el criterio de la supuesta desventaja que sufre un grupo y por la que se le beneficia desde las administraciones no tiene que ser aplicable a otro grupo cualquiera. Si la PSOE sólo quiere favorecer a las mujeres pelirrojas, no importa que las mujeres morenas sufran idéntica discriminación. No importa que coincidan los mismos criterios objetivos que validan la imposición de privilegios legales a las pelirrojas; las morenas seguirán sin disfrutar de su cuota de favor político. Hablamos entonces de arbitrariedad para aniquilar la igualdad que hace posible la convivencia y el principio democrático. Hablamos de que el globalismo socialista es la Ley y su corte de escribas en el Supremo o el Constitucional transcriben todo lo que les llega de Palacio. No importa ya la constitucionalidad pues la constitucionalidad son los jueces del Constitucional. Los feministas, socialistas y con perspectiva de totalitarismo que aplican los mismos criterios de supremacía parlamentaria que los del Politburó firmando ejecuciones durante las purgas del sovietismo. La misma constitucionalidad que amparaba el esclavismo.
Como ya advertimos tiempo atrás, el TC ha sido fagocitado por el socialismo de partido y lo que está por venir, va a marcar la historia de España en el siglo XXI. La democracia era esto. El socialismo es esto. Y los lloriqueos cuando seamos Cuba o Venezuela no serán de pena sino de arrepentimiento; el arrepentimiento de quien cobardemente se negó a actuar.
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