MORALINA SUBROGADA

La televisiva Ana Obregón ha adoptado una niña nacida por subrogación. Un hombre ha puesto el trigo, una mujer la levadura y una tercera el horno del que salió un bollo. El bollo humano.

No pretendo desmerecer el milagro de la vida reduciéndolo a mecánica producción, pero en realidad es una muy mecánica producción que sólo necesita óvulo, espermatozoide y claustro uterino.

Ocurre que esta simple y natural combinación no es tan sencilla. En el siglo de los viajes espaciales, la inteligencia artificial y las inoculaciones de Pfizer para salvar a la humanidad, la vida no depende de cómo se combinen los elementos que la crean – en libertad y conciencia – sino de las regulaciones políticas. Tu material genético es supervisado por Pedro Sánchez e Irene Montero y si mañana prohiben tener hijos, nadie los puede tener. ¿Te hacen un BorisBecker? pues te jodes y apoquinas la manutención. Como vemos, la libertad reproductiva es algo que graciosamente te concede un legislador y la paternidad algo que te obliga a aceptar, la hayas buscado o hayas sido víctima de un engaño miserable. También es una ley la que decide si las mujeres pueden o no usar su cuerpo. Tanto para abrirse de piernas por precio o recompensa como para el embarazo de sus propios hijos o de los ajenos. Nosotras parimos cuando lo deciden ellos: los del hemiciclo.

En el embarazo por sustitución una mujer presta soporte biológico – en su útero se implanta un embrión con el que no comparte vínculo genético – a personas incapaces de tener hijos. Si por peso o cardiopatía una mujer no puede engendrar, si por miedo, edad o ansiedad le resulta imposible el embarazo, podría acudir a una clínica a resolver su problema. Ana Obregón fue a Estados Unidos pero también podría haber acudido a Méjico, Georgia, Colombia o Ucrania. Países muy cristianos y occidentales pese a las reticencias de las iglesias de la cristiandad a estos procedimientos de la técnica.

Pero no son las confesiones religiosas las únicas en poner pegas, pues también se queja toda la chusma paguitera. Veamos:

En las críticas católico-dependientes, la dignidad humana empieza en la concepción- aquí estamos de acuerdo- pero la concepción sólo es válida por el método sexual y a ser posible entre cónyuges. Si para salvar a la humanidad de la extinción tuviéramos que desarrollar nuestros fetos en úteros mecánicos, la moral religiosa diría que no. Haciendo gala de un estoicismo forzado, te dirían que te olvides de la fatalidad ante la segura extinción de la especie y feliz dejes que el mandato divino – extinguirnos – se lleve a cabo. No podemos emular al creador y me parece correcto, pues las consecuencias derivadas de un uso desviado de técnicas reproductivas o de recombinación genética, nos lleva no al hombre sino al moderno Prometeo. Pero aquí no hablamos de modificar al ser humano- la obra de Dios- sino de preservar su creación, trayendo al mundo a un nuevo ser. Con la misma dignidad e individualidad de cualquier otro gestado en vientre materno, pues lo único que varía es que ha llegado a la vida en uno que su madre ha contratado.

Luego están las críticas paganas. Las del feminismo y las del gilipollismo de moralina e hipocresía. Los que promueven y legislan el asesinato de niños en gestación, te dicen que es inmoral que nazcan seres humanos modificando la normalidad conceptiva. La muerte es buena. La vida no. La muerte es nuestro derecho y la vida, gestada en un vientre de Florida, se escapa a nuestra aprobación y control. Y es que detrás de las feroces críticas a la concepción subrogada, se esconde la totalitaria naturaleza de la casta. No somos hijos ni de vientre materno ni de vientre contratado. Somos hijos de la República y son los intereses políticos los que determinan la validez de un embarazo.

De la cacareada explotación de la gestante, no hay nada que argumentar. Mujeres con seguro médico privado, de renta media a media alta y que hayan sido anteriormente madres. Este es el perfil exigido por la legislación norteamericana a la que acudió Ana Obregón. Si aquí hay explotación, será la marxista. O la del Ministerio de Hacienda sobre todos los españoles, incluyéndola a ella.

De todo lo expuesto y protegidos los embriones de la destrucción o la experimentación, junto a las regulaciones típicas de voluntariedad y seguridad, la gestación subrogada no puede tener desvalor moral ni legal. Y no varía en nada la compensación a la mujer gestante por parte de los padres del recién nacido. Si yo te pego un tiro por precio o porque me enfado, sigue siendo un acto de inmoralidad. La subrogación no lo es.

Pero el específico caso de Ana Obregón tiene otra particularidad criticada. Como hemos dicho al principio, es una adopción o pre-adopción y la gestación subrogada solo ha cubierto la imposibilidad de la adopción tradicional por no cumplir con los requisitos legales de edad. Ana Obregón adopta a una niña de la que no es, lógicamente, madre biológica.

Cuesta entender la crítica a la adopción subrogada cuando es algo altruista -ceder material genético para que alguien pueda tener hijos – y no la decisión límite y anti-natural del abandono de un bebé. Nos llevaría además a efectuar las mismas críticas a los procedimientos de fecundación in-vitro donde el embrión no va a tener padre o donde la orientación sexual de la madre excluye al niño de una figura paterna. Esto abarca también a todos los niños nacidos por un affaire sexual, fuera de relaciones afectivas estables. Por supuesto que el ideal en Occidente deben ser las familias blancas y cristianas, con padre, madre y abuelos compartiendo consanguinidad. Pero la realidad de los núcleos familiares no obedece a formas ideales ni naturales. Con todo, la personalidad de cada individuo se desarrolla desde múltiples variables y puede llegar a éxitos o fracasos partiendo desde una familia como Dios manda o desde la de Ana Obregón. Uno es de donde prospera y en este caso es madre o padre, aquel que ejerce como tal.

Tiene más sentido la crítica a la edad de la madre. Ana Obregón está cerca de los 70 años y su hija acaba de nacer. Pero el utilitarismo y la moral son cosas diferentes. Si una persona mayor no puede tener hijos ¿los puede tener un habitante de Sierra Leona? ¿la moral utilitaria permite que nazcan niños en un vertedero social de sida, explotación y matrimonio infantil? ¿Qué moral permite la procreación a inmigrantes sin capacidad económica, forzando a la población occidental a su manutención? El chantaje moral y la moralidad también son cosas diferentes.

El 85% de las mujeres y el 95% de los hombres españoles entre 18 y 30 años no tienen descendencia. El invierno demográfico es inevitable ya. Y con todo esto, se critica que la señora Obregón, económicamente independiente y con una amplia familia, pueda ser la madre de una niña. Celebremos la vida y dejemos de convertir en cruzadas morales todo lo que no nos guste o nos parezca desviado.

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