JÓVENES Y FACHAS

Los voceros del Sistema andan preocupados por el significativo apoyo que la juventud occidental ofrece a los partidos que se identifican como no globalistas y que en lenguaje de la progremitada forman la ultrafascista extremaderecha. Y es que para la mugre socialista cualquiera que no vote a la banda de los sicilianos ni a su primo hermano –el popular- es amigo del fascio y anti-democrático. Enemigo del Sistema. O mi Pedro o nada.

En las habitaciones de los veinteañeros españoles donde antes lucían pósters de Pamela Anderson y demás beldades en bikini y silicona, ahora aparecen Mussolini y Primo de Rivera mayestáticos y brazo en ángulo. En las estanterías las publicaciones del Movimiento y el símbolo de las Schutzstaffel sustituyendo al ¡Hala Madrid! colgado de la puerta. Incelismo y Negacionismo. Misoginia, racismo y xenofobia.

Esta caricatura constituye el perfil de votante no progre para los voceros y juntaletras del Sistema que ven en la juventud española a la nueva juventud hitleriana. Como si los adolescentes germanos bajo el nazismo fueran algo más que adolescentes germanos. Como si los jóvenes españoles quisieran ser germanos, fascistas, franquistas o hitlerianos y no solamente jóvenes españoles.

Nuestra juventud – y por extensión toda la occidental – se revuelve contra los esquemas socialistas por naturaleza y por instinto de supervivencia, negándose a aceptar el oscuro futuro que un grupo de iluminados de la política y la oligarquía les señala como el Nirvana.

Por un lado la artificialidad de toda la teoría globalista, su relativismo, su odio al hombre, a la cultura, su horrenda estética, el culto a la mediocridad y el paternalismo son obsesiones del globalismo contrarias al espíritu juvenil. Cuando a la juventud le toca descubrir el funcionamiento del mundo y desarrollar su particular naturaleza como hombre o como mujer, el Sistema maniata su voluntad y censura sus inquietudes, negándoles libertad y autonomía; convirtiendo a todo joven en androide atemorizado de pensamiento atrofiado y cerebro amomiado. Píntate el pelo de morado, cómete un par de rabos, llora por la guerra civil de hace 90 años y no te quejes cuando Superman sea mujer y Cleopatra nigeriana. El socialismo es un culto colectivista y decimonónico incompatible con un espíritu joven que tiende al individualismo y también a la verdad, pues es la personalidad de cada uno la que sale de casa y se expone al mundo. Ganas y pierdes solamente tú. El sentido colectivo no existe si antes no se satisface tu legítimo interés personal. Mírate al espejo, joven español; ahí reflejado estás tú y no la agenda de Davos. Estás tú y no el tito Bernie con las putas socialistas y la cocaína.

El socialismo es una ideología caduca en la época en la que lo ideológico se ha transformado en lo identitario. Nadie cree ya en teorías de gobierno sino en la ventaja que obtienen de ese Gobierno. De ahí que la democracia socialista sea un sistema de charos y de jubilados cada vez más egoístas. El socialismo es de la mujer, del inmigrante, del musulmán, del negro, del tullido y del homosexual, pero en realidad cualquier individuo de estas especies identitarias que conserve alguna neurona recuperable, sabe que el socialismo es de los partidos políticos y de sus socios globalistas. Sólo de ellos. Y que toda la fiesta – la de la deuda y la de la democracia- nos sale a devolver a todos en los próximos 60 años.

Y entonces aparece el instinto de supervivencia. El que todo animal – y el humano no es la excepción – posee. El socialista es ignorante e inconsciente, pero el voto a Sánchez y demás alimañas del proceso político no se activa por la ideología sino por el puro trinque. Un paguitero, una charo, un moronegro y Pablo Iglesias viven de tu sudor y te endosan sus deudas por instinto de supervivencia. Porque su bienestar es un estímulo superior al de valores como la justicia, el honor o el respeto, y el parasitismo es la forma más sencilla de cubrir sus necesidades e intereses. Cuando uno logra el mayor beneficio con el menor esfuerzo, no va a cambiar su extraña productividad por una real, con lo que se multiplicarán tanto los pasivos receptores de renta como las empresas BOE dependientes; chiringuitos de todo tipo y empleos artificiales. Este es un Sistema de rapiña generalizada y endeudamiento en donde lo de la solidaridad y el bien común se queda en el folleto publicitario. Una sociedad impasible durante cuarenta años a sus cifras de paro juvenil es una sociedad que odia profundamente a sus hijos. Un Gobierno que se endeuda hasta límites inasumibles, es un Gobierno que desprecia a las nuevas generaciones. El Gobierno que importa africanos teniendo un nivel de paro africano, es un Gobierno al que le repugnan los mercados con unas empresas que no absorben la demanda de trabajo pero sí todos los esquemas del globalismo.

Y por supuesto también está lo del feminismo: el socialismo-mujer. ¿Qué clase de varón joven votaría a partidos que lo señalan como violador, violento o misógino convirtiéndose en el malo de la película feminista? ¿Quién puede votar al que te dice que la virilidad es facista, lo heterosexual homofobia y que los más de trescientos privilegios que en España consigue una mujer por razón de sexo debes aceptarlos como un niño bueno?

Puede que el socialismo robe tu dinero, te deje sin trabajo, destruya tu cultura y convierta a las mujeres en animalitos hostiles sumisos al Poder, pero lo que nunca va a conseguir el Sistema es que renuncies a tu dignidad y a tu personalidad. Por eso votas al que te llama ciudadano e individuo y no al que te trata como a un gilipollas.

Que te vote, Txapote.

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