carmen ya no mola

El famoso historiador Jacob Burckhardt en su Cultura del Renacimiento nos hablaba del Estado como obra de arte. El espíritu clásico y humanista de la población italiana que acababa inspirando lo cultural, lo político y lo social.
Hoy, el Estado español, cancelando la libertad y limitando el ingenio, ha destruído completamente nuestra cultura, sustituyéndola por una propaganda identitaria que continua, en lo que debería ser un mercado libre de las ideas, la labor de adoctrinamiento iniciada en las escuelas. Categorías artificiales de lo político reemplazando lo cultural a través de la censura, el ostracismo profesional y la expulsión de los artistas sin padrino de mercados intervenidos desde el hemiciclo y dependientes de la financiación y aprobación de sus majestades políticas.

El Estado socialista necesita controlar todos los espacios de difusión de ideas y de aprendizaje para crear androides sumisos bajo un mismo catecismo, que no cuestionen nunca ni media política autoritaria, ni media corruptela. Te enseñan a ser buen ciudadano, que se reduce desde la tenebrosa Revolución francesa a ser obediente y pagar impuestos. Contribuir a la efectividad de los negocios e intereses de quien maneja el presupuesto, rindiendo los tuyos. Y el supremacismo feminista del BOE es uno de los fundamentales negocios del socialismo. El mediático y cultural. La gran hipocresía.

Estamos en los premios Planeta. Cuestionados desde siempre por aquello de la endogamia y el nepotismo y por la estrategia subyacente de estudiado marketing con ganador preestablecido. Un chanchullo, común a todo lo que se premia en la España socialista.
Pero esta vez el galardón va a ser justo, moral y matriarcal. Por fin se hará justicia feminista a 5000 años de cultura universal falocéntrica. Por fin la intervención del Estado en favor de la igualdad, la inclusividad y todos esos conceptos inventados que cuestan miles de millones de euros cada año, va a quedar justificada por vía de ejemplo. Ganará la que tiene que ganar, la que todos esperan que gane. La niña bonita de la editorial y la favorita de los lectores. También la del Ministerio de la Mujer que se congratula de que Carmen Mola sea la escritora que más mola de toda la República. ¡Chúpate esa Quevedo!. Va a ganar una mujer el Planeta y sin rozar bragueta.

Llega el momento ¡Qué nervios!. Las brujitas feministas preparadas para publicar sus laudatorios a la premiada, a la obra, a la literatura-mujer. La Ministra del Movimiento pensando en la foto con la señora Mola en el Ministerio. Las dos impecables de Chanel o Dior intercambiando sonrisas, complicidad de triunfadoras, de lideresas de la nueva era de color rosa, soltando un discurso en el que citarán a varias de las escritoras del feminismo primigenio. Las que abrieron el camino del éxito a nuestras brujitas modernas. Y aunque no consigue recordar el nombre de ninguna de ellas, nuestra Ministra sonríe.

Empieza la tragedia. Se desliza que Mola no es una Mola sino que son tres Molas. ¿Un trio de talentosas escritoras trabajando juntas en sororidad perfecta? Ni a la niñera de la Montero se le hubiera ocurrido semejante genialidad. Victoria épica para el equipo de las chicas. Pero el sueño húmedo de las brujitas se esfuma en segundos. Suena Carmen Mola y a continuación los vulgares nombres de los tres hombrecillos detrás del seudónimo. El bueno, el malo y el machirulo desenfundando sus sonrisas para acribillar a las brujitas con risotadas mortales.
Aunque el pitorreo parezca evidente y la humillación a los sectarios instantánea, en realidad las carcajadas del malvado hombre blanco sólo existen en las cabezas ahuecadas de las brujitas de género identitario. Proyecciones mentales de quien vive del odio y el resentimiento hacia el fantasma del maldito heteropatriarcado, que es un ente tan abstracto como extemporáneo, pero que acude raudo a la cita, el muy puñetero, materializándose siempre en forma de bofetada-y risotada- sobre el sectarismo y la ridiculez feminista
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Y eso que los autores son parte de todo el circo socialista y su intención ni era vacilar ni dejar en bragas al feminismo del BOE . Pudieron haber soltado que el nombre en femenino era un homenaje a su pobre tía abuela ejecutada en las checas de Paracuellos. Mandarle un saludo a Carrillo y la Memoria Histérica haciendo el doble fatality: Tenemos rabo y encima es un rabo facha que os pasamos por la cara, brujitas.

Pero no son fachas, sino de Alfaguara. Profesionales de la escritura haciendo lo que hace un profesional: Crear un producto y vender el producto. Y un producto que encajaba con todo lo que el socialismo y el feminismo le piden a la cultura subvencionada. Perspectiva de género y un nombre de mujer en el luminoso de la entrada. Y es que no necesitaban explicar lo evidente. Lo que todos saben en España:
Para conseguir el favor del Estado socialista, publicar en sus editoriales y triunfar en sus mercados obteniendo subvenciones, reconocimientos y premios, además de socialista hay que ser mujer. Mujer socialista.

Por eso la ganadora, sólo podía ser, Carmen Mola.

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