public enemy

No importa lo que nos cuenten Almodóvar y el resto de figuras mediáticas del régimen socialista. Pablo Hasel es un delincuente acumulando antecedentes. En progresión exponencial como un virus chino pero multiplicándose en fechorías. Su libertad es una cuestión ya de salud pública. De seguridad ciudadana. Su trayectoria anti-social -su carrera criminal- es típica de delincuentes multi-reincidentes. Apalear al enemigo, ensalzar la barbarie terrorista y vivir la vida escupiendo odio de forma gratuita y obscena.

 Este Hasel en pleno brote de fiebre comunista, no dudaría ni medio segundo en violentar a la llamada izquierda domesticada, a la que en su mente colabora con el fascismo y el capitalismo. Dar una paliza a ese socialismo democrático de las élites oligárquicas que sujetan la correa de los Almodóvar y PabloIglesias; los autenticos perritos falderos del sistema que son despreciados profundamente por los delincuentes como Hasel. A fin de cuentas él es un revolucionario de la lucha armada, de la propaganda por el acto. Un mesías del materialismo histórico que ya transita por el siguiente nivel, consiguiendo la máxima vitola identitaria: La del Represaliado político. Prisionero de guerra.

 Y es que pese a su curvilínea anatomía, nuestro Hasel es un hombre de acción. Un soldado víctima  de la opresión de los poderosos que no le permiten ejercer la violencia como mecanismo de agitación, como catarsis necesaria para azuzar a los camaradas del movimiento obrero que se muestran pasivos y solamente preocupados por las ayudas sociales y las rentas básicas. Por las migajas que lanza al suelo el Capital y que evitan la sublevación de los parias de la tierra contra el burgués. Para regresar al primitivismo de miseria y carestía llamado marxismo-comunismo. El nirvana de los hasel.

Pero el tal Hasel, además de delincuente, es también un mártir de la lealtad. De la lealtad al socialismo, al colectivismo político. A la violencia como ideología que ha mamado desde siempre.

Es una víctima del adoctrinamiento y también de la falta de libertad de expresión. La que no entienden los Almodóvar y demás titiriteros de las letras y la cultura subvencionada. La que no comprenden y por lo tanto son incapaces de exigir o defender.

Tenemos un sistema educativo que no permite el desarrollo personal y libre de ningún menor, siendo todos ellos adoctrinados desde la cuna,  atemorizados hasta la confusión mental, hasta el paroxismo ideológico.

Nos imponen un modelo cultural que sólo crea artistas del BOE que acaban ejerciendo de plañideras del régimen a través del activismo profesional.

De este caldo de cultivo antihumano surgen los hasel de la socialdemocracia, que solo pueden ser androides del sistema repitiendo los mantras con los que el sistema les ha educado. Y cuando la realidad del proceso político los envía de vuelta a la España de las castas y las redes clientelares, a la España en donde Pedro pacta con Pablo y la derecha se toma el café con la izquierda en la cafetería del Congreso,  sus cabezas estallan hasta acabar en un limbo mental proyectando una permanente chifladura comunista y revolucionaria. Se convierten así en víctimas del estado.

De ahí que todos los cachorritos rabiosos salidos del laboratorio socialista y afanados estos días en el apedreo a policías, la destrucción de negocios y la quema de contenedores, tengan cierta razón al denunciar que uno de los suyos sea encarcelado por la administración a la que adoran con fervor, defienden con idolatría. La que los ha convertido en lo que son. La que los convoca y dirige en cada acto vandálico.

Pero lo que no entienden es que incluso bajo un régimen en el que vale ya casi cualquier cosa, en donde se gobierna a base de decretazos y órdenes ejecutivas, el sistema debe mantener una cierta apariencia de estado de derecho. Y perseguir la delincuencia. La haseliana. La que es reincidente, violenta y la que desprecia a las víctimas del nazionalsocialismo vasco.

 Enaltecer a un grupo armado es enaltecer el asesinato de seres humanos. Se podrá discutir, fomentar o aplaudir la ideología identitaria, la revolución política, la autodeterminación individual….pero matar a un ser humano es matar a un ser humano. Hacerlo ademas de forma cobarde por simple y egoísta voluntarismo político, añade mayor crueldad al asesinato. No hay guerras que combatir no hay necesidades básicas que cubrir. Es puro ejercicio de maldad, de vileza absoluta. Y convierte al que aplaude, justifica o no condena a los pistoleros cobardes…en alguien mucho más cobarde y mucho más odioso que los propios asesinos.

Los bufones de la pseudo-intelectualidad, los ministros del matonismo político, los presidentes que se sientan a gobernar con el mismísimo Diablo para satisfacer sus intereses de partido…comparten mesa socialista con los violentos hasel. Y la razón jurídica, la moral, nos llevaría a exigir igualmente su condena por delitos de odio. Por cooperar políticamente con el terror y la barbarie.

Por eso lo que diga Almodóvar o lo que diga Serrat no tiene ningún valor, ninguna lógica. No buscan la  defensa de la libertad de palabra nuestros representantes culturales del BOE. A fin de cuentas el caso hasel se reduce a una simple cuestión de jerarquía. Repitan conmigo: Un Sánchez puede más que un Iglesias. Un iglesias puede más que un Hasel. Y los hasel que carecen de talento intelectual y artístico acaban entre rejas por vociferar basura y odio…cuando acumulan violentos antecedentes penales.

A modo de conclusión, nos gustaría dar un sabio consejo al delincuente Hasel. Ahora que se pasará varios meses encerrado en una fría celda junto a los demás guerreros del pueblo libre, podría practicar la reflexión intelectual por primera vez en su vida.

 Además de hacer nuevos amigos y amantes, nuestro Hasel podría aprenderse la máxima absoluta que debe observar todo revolucionario de la izquierda anti-sistema: No muerdas jamás la mano política e institucional que te da de comer

Almodóvar nunca lo haría.

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