
Como ya saben, un grupo de ratas islámicas de profesión terrorista y de sanguinaria inspiración, llevaron a cabo una carnicería halal sobre la población de Israel.
Si fueran los amigos bilduetarras de Sánchez reventando niños y ejecutando maketos en nombre del marxismo y del racismo mágico de Sabino Arana, hablaríamos de terrorismo y barbarie. Saldría la peña a gritar ¡Basta ya!, seguido de un sonoro: ¡No son vascos sino hijosdeputa! ¿Recuerdan a la España de los 90s?
Pero resulta que cuando un moro jurando por Mahoma que dará muerte a judíos y a cristianos, mata a judíos y a cristianos, un puñado amplio de subnormales nos acusa de reducir lo de la jihad palestina a lo de los atentados, confundiendo el tocino de los versos satánicos con la velocidad de la geopolítica: Y es que existe todo un universo de matices y justificaciones detrás de cada pescuezo rebanado.
Puede que seamos reduccionistas y que cuando vemos a las alimañas perpetrar asesinatos de una vileza insoportable, el exacerbado concepto de justicia que defendemos nos lleve a reclamarla sin matices ni contextos. En cualquier caso hablar del problema palestino y de su guerra por el control del Israel bíblico como algo súper novedoso tía, cuando llevamos 80 años de lucha armada ininterrumpida, es cuanto menos gilipollas. Son análisis de baratillo para hablar del todo y desdeñar la parte. El todo es que los moros de la franja atentan contra Israel e Israel ataca a los moros de la franja. Pues vale, bien. En Europa tuvimos la guerra de los Ochenta años y la de los Cien. Las napoleónicas, las dos mundiales y las que te rondarán morena.
Si vamos a hablar de guerras habladme de la de vuestro amigo Putin. La vigente sobre suelo europeo. La que parece que ya no interesa a los propagandistas pese a que como ocurre en Gaza, se matan todos los días y no se llega a final alguno. Pero como les digo no es el todo sino la parte lo noticiable y lo condenable. No voy a hablar de sionismo, suras o sharias; sino del presente capítulo que ha escrito las alimañas de HAMAS y le dan amigable publicidad sus apoyos Occidentales. Sólo esto y nada más.
Los moros de HAMAS, organización con propósito criminal y odio tribal, entraron en Israel y asesinaron a unas mil quinientas personas. Sin distinción alguna en cuanto a méritos o perfiles. Si estás en Israel eres el enemigo y mueres. Salvajemente. Huyeron luego a la franja de Gaza con 200 rehenes. ¿La consecuencia de esta orgía sangrienta de muerte y destrucción? La puesta en marcha de una operación militar desde el Gobierno de Israel. ¿Cuál es el objetivo principal que persiguen? intentar el rescate de esos 200 seres humanos secuestrados. ¿Y de añadidura? Matar a todos los terroristas que puedan. Fíjense qué fácil es el resumen de todo el lío sin aludir al imperio Otomano, protectorado británico, Rothschild, Mahoma, la ONU o el Yom Kippur. Unos jihadistas descuartizan a tus ciudadanos y tú envías las tropas al rescate y al castigo. Si esto es criticable, si esta lógica de Estado y de ser humano necesita matices, entonces en Occidente unos cuantos han perdido el juicio.
Y por ello yo te acuso, Subnormal globalista.
Acuso a la izquierda terrorista de que con absoluto desprecio y destilando un anti-semitismo ridículo y anacrónico justifican la carnicería del otro día y el abandono a la muerte de los ciudadanos cautivos: Israel no puede intervenir y ellos se tienen que joder y morir. Más niños han muerto en Gaza y Allahu Akbar, si no te mola.
Claro que habrán muerto más niños en la guerra de Gaza contra Israel en los últimos 80 años. Y en los trenes de Madrid que llevaron al Poder a la PSOE, también murieron cientos de españoles. La ETA, cuyo espíritu y mucho más está en las instituciones gracias a Pedro Sánchez, asesinó a un mayor número de seres humanos. Pero ¿qué tipo de excusa cuantitativa es ésta? Quizás la de subnormales profundos que no tienen los arrestos suficientes para decir lo que verdaderamente sienten: Que se jodan los judíos.
Cuando tenemos un atentado macabro con planificación de banda muy organizada y financiado por gobiernos muy radicalizados, no puede uno afanarse en la retórica torticera del “y tú más”. No es una cuestión de tacto o moralidad. De equitativo reparto de las culpas o de causa y consecuencia. Simplemente no puede uno hacer el gilipollas meando fuera de tiesto y pretender que no se le acuse de enaltecimiento del terrorismo islámico. Ni siquiera hay que gritar heil hitler ni portar la cruz gamada para que tus filiaciones hitlerianas sean reconocibles: No cabe otra apreciación cuando yo te digo que han matado a mi padre en Auschwitz y tu me dices que el tratado de Versalles subyuga al pobre pueblo Alemán. Si además desde los poderes públicos se llama “terrorista” al Estado de Israel, debemos sospechar la altísima traición. No es que simplemente sean gilipollas: Es que cobran de la misma fuente de la que cobran las alimañas a las que defienden.
Por todo ello si la Audiencia Nacional no fuera un órgano prevaricador del gobierno socialista, estaría desarticulando a los partidos de la izquierda terrorista. Incautados todos sus capitales y detenidos todos sus integrantes. En prisión incomunicada. El primero que señale a Qatar, Iran o a Bruselas, gana.
Yo te acuso, socialismo traidor, de traer la muerte tribal a Occidente. El Islam no ha entrado llamando a la puerta, ni se propaga silenciosamente como la Peste Negra. El Islam entra pegando tiros en Bruselas, Paris o Londres. Y tú me hablas de Palestina y el Estado de Israel. El Islam es un problema similar al gran problema del siglo xx que todavía arrastramos: el colectivismo neopagano. Aquellos socialismos a la alemana de nibelungos y campos de exterminio y a la comunista de genocidio, gulag y hambrunas. Cien millones de víctimas en las alforjas de los comunistas. Y hoy sus herederos se atan la palestina al cuello y te dicen que los adoradores del profeta son la paz y son el amor. El Islam extermina todos los días a cristianos, a judíos y a sus propios hermanos de fe. Porque el Islam no es la fe; no se confundan. El Islam es la voluntad de Poder a través de la violencia de Estado y de banda armada. Es la exacerbación de lo criminal a través de la incultura y la intolerancia.
El moronegro de Sumar, el magrebí de la PSOE o un sirio de la PP nos recuerdan que las reglas de convivencia no aplican a su estatus de invasor patrocinado. Como tampoco aplican las de corrupción a Sánchez y su banda, ni las de legalidad o mínima intervención a Von der Leyen y su Logia.
Yo te acuso, globalista, de revivir el anti-semitismo para ocultar la invasión de anti-cristianos y anti-europeos que organizas. Yo te acuso de sentirte tan empáticamente palestino para luego no sentir absolutamente nada por el español asesinado, la inglesa violada, el maestro decapitado y el niño atropellado. Sé que los globalistas hacen de la hipocresía su virtud. Pero que sean unos hijos de puta a este nivel, es algo que sigue sorprendiéndome.
Dos suecos son asesinados por un pro-palestino de los que parasitan Occidente y todo lo que hacen las élites es llamar al pianista. ¿Harían ustedes algo diferente? ¿Qué pasa con la trampa de los refugiados? ¿Por qué permitimos ideologías que van más allá de confundir o radicalizar sino que asesinan?
La cuestión territorial de los moros de Gaza sobre el Israel bíblico no se soluciona con intifadas ni atentados pues no tiene solución en los términos y condiciones planteados. Los terroristas profesionales no van a renunciar a su forma de vida. Los que llevan casi un siglo queriendo crear Nueva Palestina, no van a reconocer la imposibilidad soberanista sobre territorios que no controlan, nunca han controlado o perdieron en una guerra que ellos comenzaron. Todo derecho en principio legítimo no tiene cabida ya en un contexto de lucha armada y de terrorismo.
Por eso yo te acuso a ti, pueblo palestino, de llorar quejicoso cuando tu enemigo no es cordial con tu maldad. Quejarte de que tu enemigo no se rinde ante tus exigencias. Quejarte de disparos cuando matas a sus ciudadanos. Quejarte de que estás en un círculo infinito de violencia y pretendes salir de él desde la propia violencia y la intransigencia. Todos los Estados han tenido que negociar tanto en condiciones de fuerza como de debilidad a lo largo de su historia. Acuerdos de mínimos y de máximos. Renunciar a metas y posesiones y aceptar la realidad como viene dada. Eso es un Estado en la paz y en la guerra.
Si después de tantos años todavía no has entendido esto, pueblo palestino, entonces el único y verdadero problema es que no puedes ser un Estado ni tener autoridad sobre algo superior a un club de lectura del Corán.
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