
En la España de Lasexta, el Madrid y la Psoe le ponen a un pobre diablo como Vinicius la vitola de Malcolm X o Mandela e indocumentados de la televisión lo comparan con Rosa Parks. Todo porque el futbolista señaló con su acusador dedo a un fulano que le dedicó un movimiento gorilesco. Perdió el tal Vinicius la concentración en su trabajo y acabó agrediendo a un jugador rival para más tarde y ya en frío, maldecir a la piel del toro por lo de que le llamen mono. Si uno está haciendo números en la empresa y de repente te dedican un movimiento de cadera de bailarina de barra americana, seguramente también se nos iría la cabeza. Pero es que nosotros somos blancos y fachas, que nos lo lleva diciendo el Gobierno español y sus voceros, toda la semana. Un futbolista acostumbrado a la favela y al Bernabéu ha tenido que haber oído de todo en cada partido y no debería reaccionar como un activista cualquiera a los insultos. De todo hacia los jugadores rivales. De ahí que bien pudiéramos pedirle que aguante a las aficiones rivales mostrando de esta forma solidaridad con los que son violentados cuando Vinicius juega de local y recibe aplausos. Aunque claro, la mayoría de los insultados son blanquitos de mierda. Que les jodan.
Pero este post no va de globalistas y monos de feria. Sino de verdaderos héroes que surgen en medio del problema educativo de Occidente. La raíz de los insultos y del baile de los gorilas: la educación socialista.
En Estados Unidos, país de los extremos, no sólo viven algunos de los peores globalistas del planeta: las brujitas del feminismo, los psicópatas del Congreso o el famoseo analfabeto haciendo publicidad del infierno, sino que nos encontramos también con pequeños héroes que nos hacen recuperar la esperanza y la empatía, si es que la hemos perdido en algún momento de la travesía contra el globalismo. Aunque parezca imposible, en el páramo también crecen flores puras y todavía hay buenas personas y personalidades fuertes; casi heroicas. No tiréis la toalla todavía.
Liam Morrison, un chaval de 12 años de Massachusetts, decidió dar un paso adelante contra la basura relativista que adoctrina a los escolares en la confusión y en la mentira. El niño se enfundó una camiseta en la que se leía “Sólo hay dos géneros” y se fue a la escuela como quien se va a Vietnam a recibir fuego de los charlies. Si te niegas a ser un androide, te conviertes en enemigo del Sistema.
Lo que sucedió apenas sorprende. Severa regañina al díscolo menor y ante la negativa a quitarse la fascista camiseta, expulsión del centro de adoctrinamiento.
El chaval recurrió su expulsión al Consejo escolar y allí dejó su mensaje de impecable lógica y de patriotismo americano. Un término que no tiene que ver ni con la raza ni con la política, sino con derechos y libertades.
“¿A quién ofende esta camiseta cuando los únicos preocupados en censurarla han sido los profesores? – preguntaba nuestro héroe. -¿Por qué existen clases protegidas por el Sistema?- añadía luego – ¿por qué los sentimientos de alguien deben imponerse sobre mis derechos?. Yo no me quejo de vuestras banderas del orgullo ni de vuestras diversidades publicitadas a lo largo de la escuela. ¿Y sabéis por qué no lo hago? Porque todos tienen un derecho a expresar lo que consideren sus creencias, igual que lo tengo yo.”
Y después de apelar tanto a la propia lógica de lo que sería no sólo la igualdad sino el propio igualitarismo que exigen las élites, Morrison pasó a sus derechos civiles y constitucionales.
“Incluso aunque tenga 12 años de edad tengo mis propias opiniones politicas y un derecho a expresarlas como me venga en gana. En la escuela también. Este derecho se llama la Primera Enmienda.” Y además, valiente niño, es un derecho que proviene del iusnaturalismo romano y cristiano en donde el hombre nace con libertades simplemente porque nace hombre y libre.
Por último como buen hombre libre finalizó su intervención con una directa amenaza: “La próxima vez no seré sólo yo. Serán muchos más los que decidan hablar.” Esta es la actitud combativa que debemos adoptar contra los bárbaros. Y los padres del chiquillo, de bonus track, demandaron al colegio.
Nada que añadir a este valiente pequeño, salvo apuntar que no era simplemente una opinión política la que sufría censura, sino que se censuraba la verdad. La biológica y la de la propia naturaleza de una comunidad política cuya misión no es modificar la realidad para acomodarla al pensamiento desviado de grupos de presión e ideologías relativistas, sino proporcionar esferas de convivencia en donde se pueden discutir ideas pero nunca censurar las verdades ni la libertad de palabra.
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