Get Woke, Go Broke

«Pues si no os gusta que los legionarios Romanos sean negros y transexuales, no leáis mi novela». Y nadie compró un solo libro.

Como ya sabrán la cervecera Budweiser se marcó un hara-kiri comercial y financiero patrocinando a un mediático homosexual en su cruzada por el relativismo. El fulano – antiguo actor amanerado- lleva un blog en donde describe las etapas de su progre-transformación en “mujer” consciente de que en la época del globalismo, la sexualidad no depende de lo biológico sino de lo que un buen día te apetezca ser. Si yo quisiera convertirme en prima ballerina haciendo el arabesque con formas y músculos de fulano, bastaría con subir videos de mi “transformación” a la gran red. Ya soy bailarina. Si además encuentro padrino, acabo de imagen del Bolshoi. Y luego promocionar sujetadores y poner mis piernas peludas al servicio de Ausonia y sus campañas absurdas. ¿A qué huelen las nubes? A napalm por la mañana.

Budweiser como les cuento promocionó al señor con falda que dice ser mujer y el consumidor, cansado de que hasta en la cerveza tengan que colarle las cuñas del globalismo, se revolvió contra la compañía. ¡Menuda barahúnda se formó! : Desplome en bolsa, caída de ventas y comentarios mordaces. Después llegó el intento de rectificación empresarial con anuncio patriota que sólo encabronó aún más al respetable. Y es que la gente quiere beber cerveza y no arrodillarse ante el Sistema.

Algunas voces – las de la equidistancia cobarde – afearon las críticas considerándolas puro ejercicio de odio político y trans-fobia. Tienen mucha razón; un hombre diciéndonos que es mujer con instituciones y empresas aplaudiendo y promocionando sus chifladuras, provoca que odiemos el proceso político y seamos chifladófobos. Odio visceral contra el chiflado que pide reconocimiento globalista y no psiquiátrico. Pero no odiamos la anormalidad biológica y tampoco practicamos la trans-fobia, sea lo que fuere. No como los perros del Sistema que vendiendo como transexual a un amanerado con falda, se están riendo de la disforia sexual y la normalización que dicen buscar.

Las críticas en cualquier caso, no van contra el señor amanerado que busca un nuevo nicho de mercado. El homosexual sin atributos está ya caduco y el neo-homosexual con falda es la nueva mujer del globalismo. Lo del trans-humanismo comienza con lo de la trans-sexualidad, parece ser. Y para normalizar a hombres con falda o a hombres que se consideren helicópteros de combate o cucarachas, el Sistema usa a sus voceros. Los de la prensa, el entretenimiento y a todas las grandes multinacionales.

En publicidad se admite casi todo pero el vendedor busca la promoción de su producto o servicio, no convertirse en el tablón publicitario del circo globalista. Cuando ocurre eso estás forzando la agenda woke a tus clientes pasando de compañía cervecera a vocero del régimen: Budweiser como la valla publicitaria de la agenda 2030. ¿Qué podría salir mal si a los ciudadanos les encantan las mujeres con pene? pensaron en la cervecera. ¿Cuál es el problema si los niños ven a un hombre con tetas? ¿Qué podría salir mal si esta es la evolución lógica del pensamiento progre en donde un hombre gay recibe políticos aplausos y atención institucional cuando se dice mujer y una niña puede libremente mutilarse con ayuda del Gobierno y financiación de la banca anti-occidental?

Pues resulta que muy bien no salió la jugada y nuestros psicópatas favoritos calcularon mal esta campaña. A los del recurrente ensayo-error para colarnos sus esquemas, esta vez les ha tocado nones. Su propaganda la han aprovechado los que no ven normalidad en lo identitario y sexualmente desviado y el Sistema no ha captado a un sólo pardillo bebe cervezas para su secta. El progre es progre y sólo puede ser progre. No necesita adoctrinamiento extra y su voluntad esta cedida. El hombre occidental, en cambio, si impone la razón sobre la manipulación mediática y la autocensura, diferencia bien publicidad de propaganda. Por ello quienes no apoyan el totalitarismo se han rebelado con las pocas herramientas que todavía poseen: Lo que queda de libre mercado y la libertad de palabra, defendida hasta la muerte.

Si uno odia a Lebron James puede rechazar todos los productos que el norteamericano endorsa. Es la libertad de mercado. Y si a uno le parece inapropiado que su cerveza se sume a la cuestión identitaria del neo-marxismo cultural, lo sensato es cambiar de marca de cerveza. La compañía pierde a parte de sus consumidores pero gana muchos amigos entre la casta política; ellos sabrán si les sale a deber o no en el crony-capitalismo progre. Porque si una compañía cree que para mejorar sus ventas tiene que seguir las directrices del Poder, entonces esa compañía debe asumir que los que odian a los bárbaros pasen luego de su culo. Son sólo negocios y marketing, te dicen. Pero el error radica precisamente en considerar que unos clientes lo son por la cerveza mientras que otros lo son por la ideología política. Como si trayendo lo político a tu negocio no arrastrases también la confrontación de pensamientos encontrados.

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